El estilo ecléctico consiste en combinar muebles, texturas y objetos de distintas épocas y procedencias dentro de un mismo espacio, sin ceñirse a una única corriente decorativa. La palabra viene del griego eklektikós, «el que selecciona», y esa es precisamente la clave que distingue un salón ecléctico bien resuelto de uno simplemente desordenado.
El eclecticismo no es nuevo, se empezó a aplicar en arquitectura y artes decorativas a finales del siglo XIX, como respuesta a la rigidez de los estilos únicos que dominaban la época. Pero su popularidad actual tiene una explicación: En un momento en que Instagram y Pinterest llenan el feed de casas que parecen copiadas unas de otras, mezclar estilos es de las pocas formas reales de conseguir que un hogar no se parezca a ningún otro. Una casa con estilo ecléctico no se puede replicar con un catálogo, porque depende de lo que cada persona ha ido acumulando y de cómo decide combinarlo.
Mezclar estilos sin ningún criterio es la forma más rápida de que un salón parezca un mercadillo. Estas son las claves que marcan la diferencia:
Dentro del estilo ecléctico hay dos formas de entenderlo. El ecléctico moderno tira de líneas limpias y piezas de diseño contemporáneo, con solo algún guiño puntual al pasado, un jarrón, un espejo con marco trabajado.
El ecléctico vintage hace lo contrario, parte de muebles con historia, heredados o de segunda mano, y los combina con algún elemento actual que rompa la ambientación para que no parezca una casa de otra época.
Ninguno es mejor que el otro, la elección depende de si se parte de cero o de si ya hay piezas propias con las que se quiere contar. Esto es más habitual de lo que parece: en la mayoría de reformas hay algún mueble antiguo de familia que el cliente quiere conservar, y el estilo ecléctico es de las pocas fórmulas que permite integrarlo sin que desentone.
El fallo más habitual es acumular. Cuantas más piezas con personalidad se meten en un espacio, más difícil es que convivan. Otro error típico es ignorar la escala, un sillón victoriano enorme al lado de una mesa auxiliar diminuta rompe cualquier equilibrio, por bonitas que sean las dos piezas por separado. Y el tercero, mezclar más de dos o tres estilos decorativos distintos en la misma estancia, algo que incluso los interioristas con más experiencia evitan porque cuantos más estilos se combinan, más difícil resulta mantener la coherencia visual.
Una forma rápida de saber si un espacio funciona es si al entrar, si la vista no sabe dónde posarse primero, sobra algo. Si en cambio hay un elemento claro que capta la atención y el resto lo acompaña, el eclecticismo está bien resuelto.
No hace falta reformar toda la casa para probarlo, ni comprar nada nuevo de entrada. El punto de partida suele ser mirar lo que ya tienes: ese mueble heredado, la lámpara que no pega con nada pero le tienes cariño, algo que trajiste de un viaje. El estilo ecléctico bien resuelto no sustituye esas piezas, las integra.
Si te ronda la idea de aplicarlo en tu casa pero no sabes muy bien por dónde empezar, o simplemente quieres que alguien te ayude a darle forma a tu proyecto de decoración, en Amagoia estamos para eso. Cuéntanos qué tienes en mente y lo vemos juntos.
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